sábado, 14 de marzo de 2015

LA TUMBA


La mano que irrumpió desde la tierra le sujeta el tobillo. Grita, se le eriza la piel, hilos rojos recorren su pierna. Los dedos son finos y largos con uñas negras puntiagudas, venas gruesas de azul intenso sobresalen de la piel arrugada.

Trata desesperada de zafar pero la mano es muy fuerte. Las garras se le clavan, la rasguñan. Le duele, la sangre fluye como un torrente. La tira, la arrastra, ella se aferra al suelo, la mete hacia adentro, surcos y pedazos de uñas quedan en el camino hacia el agujero negro. Ella aúlla, busca al grupo, no hay nadie, sólo tumbas. El cuerpo no cesa de hundirse en la tierra movediza, le pega en la cara, escupe, se ahoga sin dejar de gritar.
Ya casi no lucha. Todo es oscuro, vacío. Voces lejanas la llaman por su nombre. Alrededor de la lápida la tierra está en calma, esperando la pisada de su próxima presa.


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